La confidencia descubre quién era o no digno de ella.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo.
Esa que llaman Fortuna por ahí es una mujer borracha y caprichosa, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace ni sabe a quién derriba.
Tener con quien llorar aminora el llanto de muchos.
Sólo juzga bien quien sopesa y compara, y cuando pronuncia su sentencia más dura nunca abandona la caridad.
Ayudar a quien lo necesita no solo es parte del deber, sino también de la felicidad.
Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado.
Quien no oye consejo, no llega a viejo.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Quien no haya sufrido lo que yo, que no me dé consejos.
Escucha el consejo del que mucho sabe; pero sobre todo, escucha el consejo de quien mucho te ama.
Quien no sabe bailar dice que los tambores no sirven para nada.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quién se come el queso.
Quien quita la ocasión, quita el pecado.
No hay cosa más excusada y aun perdida que el contar el miserable sus desdichas a quien tiene el pecho colmado de contentos.
Quien siembra vientos recoge tempestades.
Quien nunca tuvo almohada, no la echa de menos.
El silencio es el partido más seguro para quien desconfía de sí mismo.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar con Dios un día.
Quien me insulta siempre, nunca me ofende.
A quien dices el secreto das tu libertad.
No fracasa en este mundo quien le haga a otro más llevadera su carga.
Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.
Quien tiene el tejado de vidrio, no debe tirar piedras al de su vecino.
Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando lo necesita.
Quien no añade nada a sus conocimientos, los disminuye.
Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en quien se baña.
Sólo quien sabe cuidar lo ajeno puede poseer lo propio.