Quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia.
Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde.
Quien da pronto da dos veces.
Un discípulo de quien jamás se pide nada que no pueda hacer, nunca hace todo lo que puede.
La primera virtud es frenar la lengua, y es casi un dios quien, teniendo razón, sabe callarse.
Aconsejar economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante. Es como aconsejar que coma menos a quien se está muriendo de hambre.
Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre. Quien se atreva a más es insensato.
Quien no tiene toda la inteligencia de su edad, tiene toda su desgracia.
Quien sabe de dolor, todo lo sabe.
No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.
Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Quien no es envidiado, no es digno de serlo.
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!
Quien no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos.
Para lograr todo el valor de una alegría, debes tener con quién repetirla.
Dime quién te admira y te diré lo que eres.
¡Quién necesita piedad, sino aquellos que no tienen compasión de nadie!
No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Sólo quien ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida.
El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad.
Quien se venga después de la victoria es indigno de vencer.
A quien amigos tiene por millones ninguno sobrará; el que tan sólo un enemigo cuenta por doquier lo encontrará.
No es fiel quien no confía en nadie.
Quien quisiera que el hombre no conociera el dolor, evitaría al mismo tiempo el conocimiento del placer y reduciría al mismo hombre a la nada.
El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.
Quien no confía en el hombre, no confía en Dios.
Creedlo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!
Para quien tiene miedo, todo son ruidos.
Quien busca la felicidad fuera de sí es como un caracol que busca su casa.
Mucho más que los intereses, es el orgullo quien nos divide.