Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Bien se sabe atrever quien nada tiene que aprender.
Quien no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
Quien desea aprender, pronto llegará a saber.
Quien escucha su mal, se oye a sí mismo.
Quien se alegra del mal del vecino, el suyo le viene en camino.
Quien parte y reparte, se lleva la mejor parte.
Quien al escoger mucho titubea, lo peor se lleva.
Quien a hierro mata, a hierro muere.
Quien limpia su caballo no es lacayo.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Quien canta, su mal espanta.
Ocasión que se va, quién sabe si volverá.
Quien mal anda, mal acaba.
Harto sabe quien sabe que no sabe.
A quien no teme, nada le espanta.
Mal acaba quien mal anda.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Quien bien te quiere, te hará llorar.
No desprecias a quien poco tiene, que algún día podrá tener mucho.
Quien habla sin razonar, mucho se lamentará.
Bien ama quien nunca olvida.
Quien carece de amistades, carece de compromisos.
Bastante me ayuda quien no me estorba.
¿Quién no sabe que en México seguimos al pie de la letra el precepto bíblico de alabar a los muertos? A los vivos los elogiamos cuando pueden darnos algo.
La primera ley que me indica la naturaleza es deleitarme a costa de quien sea.
El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar.
Quien escribe gusta del halago, pero el 'escritor' en cambio, ha de aprender a gozar con el arrecio, con el golpe de martillo sobre el yunque de su obra. Sólo así podrá forjar sus hechos.