Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérala, pues, en todo lugar.
Los genios son peligrosos para los talentos jóvenes, pues no hacen más que reproducirlos creyendo reproducirse a sí mismo.
Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera.
Mala cosa es tener un lobo cogido por las orejas, pues no sabes cómo soltarlo ni cómo continuar aguantándolo.
Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos.
Y en mi locura encontré la libertad y la seguridad que da que no le entiendan a uno, pues quienes nos comprenden esclavizan algo de nosotros.
Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
En los momentos de ansiedad, no trates de razonar, pues tu razonamiento se volverá en tu contra; es mejor que hagas esas elevaciones y flexiones de brazos que ahora se enseñan en todas las escuelas; el resultado te sorprenderá. Así, el profesor de filosofía te envía al de gimnasia.
El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor.
La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.
El ocio será el problema más acuciante, pues es muy dudoso que el hombre pueda soportarse a sí mismo.
La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten. Si un ciudadano tuviera derecho a hacer lo que estas prohíben, ya no sería libertad, pues cualquier otro tendría el mismo derecho.
El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable.
Sólo yo tengo el derecho de corregir, pues sólo puede castigar quien ama.
El que niega el progreso es un impío; el que niega el progreso niega la providencia, pues providencia y progreso son la misma cosa, y el progreso no es más que uno de los nombres humanos del Dios Eterno.
Haz que tus familiares te reverencien más que te teman, pues el amor sigue a la reverencia, más el temor al odio.
La moral es la regla de las costumbres. Y las costumbres son los hábitos. La moral es, pues, la regla de los hábitos.
La ley es, pues, la distinción de las cosas justas e injustas, expresada con arreglo a aquella antiquísima y primera naturaleza de las cosas.
Ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba.
Las costumbres hacen las leyes, las mujeres hacen las costumbres; las mujeres, pues, hacen las leyes.
La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos.
La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues su fin es la obediencia, la pasividad y la sumisión.
¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.
No malgastes tu tiempo, pues de esa materia está formada la vida.
El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro.
De la conquista podemos decir que no se ha producido jamás por la fuerza y la imposición brutal, pues no dura una conquista de esta naturaleza. La conquista, lo mismo que el poder de imposición, ha de aportar, cosa esencial en toda sociedad humana, algún beneficio consigo, o bien los hombres con toda su fuerza la rechazarán.
Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.