Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse.
Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos.
Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla.
Todo lo que nace proviene necesariamente de una causa; pues sin causa nada puede tener origen.
Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay más rostros, pues cada uno tiene varios.
Jamás hay que discutir con un superior, pues se corre el riesgo de tener razón.
La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los agentes más poderosos, pues la soledad es esencial para el hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan.
¿Qué ganarías con injuriar a una piedra que es incapaz de oírte? Pues bien, imita a la piedra y no oigas las injurias que te dirijan tus enemigos.
Pues el pájaro cantor jamás se para a cantar en un árbol que no da flor.
El movimiento no existe fuera de las cosas, pues todo lo que cambia, o cambia en el orden de la sustancia, en la cantidad, en la calidad o en el lugar.
No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo a dar una mala opinión de uno mismo.
Que cada cual siga su inclinación, pues las inclinaciones suelen ser rayas o vías trazadas por un dedo muy alto, y nadie, por mucho que sepa, sabe más que el destino.
Si tanto me alaban, será porque se alaban a sí mismos, pues al alabarme dan a entender que me comprenden.
Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.
El papel más honroso en una conversación corresponde al que da la ocasión a ella, y luego al que la dirige y hace que se pase de un asunto a otro, pues así uno dirige la danza.