La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena.
Dejad pensar al pueblo que gobierna y se dejará gobernar.
En política, el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no hay lugar para arrepentirse.
Lo que solemos llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado.
Dos cosas llenan el alma de admiración y respeto, siempre nuevas y crecientes, cuanto más se reflexiona sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí.
En política, sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el viento; nunca quien pretende que sople el viento donde pone la vela.
La guerra es siempre una derrota de la humanidad.
Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir de la manera a la que uno está acostumbrado.
La mujer más tonta puede manejar a un hombre inteligente, pero una mujer debe ser muy hábil para manejar a un imbécil.
El dinero es como el estiércol: no es bueno a menos que se esparza.
Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.
Una Constitución no puede por sí misma hacer feliz a un pueblo. Una mala sí puede hacerlo infeliz.
Ahí radica el verdadero poder de los medios masivos: son capaces de redefinir la normalidad.
La guerra es el estado normal del hombre.
Dios perdonará a los que le niegan; pero ¿qué hará con los que cometen maldad en su nombre?.
Confío más en el trabajo que en la suerte.
El que quiera ser líder debe ser puente.
El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe.
Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno sólo.
Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir.
A todas las mujeres les encanta y les emociona recibir cartas.
Si no existieran hijos, yernos, hermanos y cuñados, cuántos disgustos se ahorrarían los jefes de gobierno.
La única manera de ser seguido es correr más deprisa que los demás.
La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.
Los derechos individuales no están sujetos al voto popular; una mayoría no tiene derecho a votar la derogación de los derechos de una minoría.
La religión sin la ciencia estaría ciega, y la ciencia sin la religión también estaría coja.
Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen.
No puede lograrse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas.
Arréglese al estado como se conduce a la familia, con autoridad, competencia y buen ejemplo.
¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación.