El deporte es una estilización de la guerra.
La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
Es un gran error suponer, que el imperio que se establece sobre los hombres por la fuerza, sea más agradable y permanente, que el que se funda sobre el amor.
Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.
El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca.
La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.
La multitud de leyes frecuentemente presta excusas a los vicios.
El único que saca partido del capitalismo es el estafador, y se hace millonario en seguida.
Quien cambia felicidad por dinero,no podrá cambiar dinero por felicidad.
¿En dónde ve el pueblo español su principal peligro, el más inminente? En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.
Uno de los principales objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas por las cuales vemos al mundo.
La guerra es la mejor escuela del cirujano.
Un ser no está completo hasta que no se educa.
El verdadero progreso consiste en renovarse.
Gobernar es rectificar.
Suspendí mi educación cuando tuve que ir al colegio.
Jamás penséis que una guerra, por necesaria o justificada que parezca, deja de ser un crimen.
Una mujer no comienza a mostrar su edad hasta que empieza a ocultarla.
El cambio de moda es el impuesto que la industria del pobre carga sobre la vanidad del rico.
El castigo más justo es aquel que uno mismo se impone.
La vida podría ser bastante agradable si no llamasen a la puerta esos acreedores reclamando el cumplimiento de los ideales a pobres hombres como nosotros.
Perder el dinero es a menudo un delito; adquirirlo por malas artes es aún peor, y malgastarlo es lo peor de todo.
El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas.
Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros.
Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.
Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.
El poder conseguido por medios culpables nunca se ejercitó en buenos propósitos.
¿No tenemos en nosotros una inclinación perpetua, a pesar de la excelencia de nuestro juicio, a violar lo que es la Ley, simplemente porque comprendemos que es la Ley?