El hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y puede alegrarse del bien ajeno como si fuera propio.
¡Qué cosa tan extraña es la felicidad! Nadie sabe por dónde, cómo ni cuándo llega, y llega por caminos invisibles, a veces cuando ya no se le espera.
El hombre, por lo común, sólo sabe reconocer su felicidad en la medida de la desgracia que ha experimentado.
Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido.
Cada uno sabe donde le aprieta el zapato
No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no sabe encubrirla.
Nadie sabe lo que hace mientras actúa correctamente, pero siempre es consciente de lo que está mal.
Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
Hay tres clases de ignorancia: no saber lo que se debería saber, saber mal lo que se sabe y saber lo que no se debería saber.
Sólo es digno de libertad quien sabe conquistársela cada día.
¿Quién es libre? Sólo el que sabe dominar sus pasiones.
Busca la libertad, don tan preciado como sabe quien por ella dé la vida.
La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.
Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.
El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere.
El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.
Dicen que el hábito es una segunda naturaleza. Quien sabe, empero, si la naturaleza no es primero un hábito.
En la sociedad no todo se sabe, pero todo se dice.
Sólo falta el tiempo a quien no sabe aprovecharlo.
La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere.
La muerte, como final del tiempo que se vive, sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado vivir.
El maestro ciruela, que no sabe leer y pone escuela.
Un niño prodigio es alguien que sabe tanto de niño como de mayor.
El que no sabe por qué camino llegará al mar, debe buscar el río por compañero.
El que sabe corresponder a un favor recibido es un amigo que no tiene precio.
El que no sabe disfrutar de la felicidad cuando llega, no debe quejarse si pasa de largo.
El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo.
Esa que llaman Fortuna por ahí es una mujer borracha y caprichosa, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace ni sabe a quién derriba.
No hay ningún viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige.
Escucha el consejo del que mucho sabe; pero sobre todo, escucha el consejo de quien mucho te ama.