Las palabras son hermosas pero limitadas. Son muy masculinas, con una estructura compacta. Pero la voz proviene más de la oscuridad, del lugar donde no hay nada que esperar: es una parte de ti que simplemente sabe, se expresa y es.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Bien se sabe atrever quien nada tiene que aprender.
Cada uno sabe donde le aprieta el zapato.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Ocasión que se va, quién sabe si volverá.
Tantos años al marqués, y no sabe menear el abanico.
Un espejo no sabe ser embustero.
¿Quién no sabe que en México seguimos al pie de la letra el precepto bíblico de alabar a los muertos? A los vivos los elogiamos cuando pueden darnos algo.
Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense.
La ciencia es el misticismo de los hechos; la verdad es que nadie sabe nada.
La ciencia es orgullosa por lo mucho que ha aprendido; la sabiduría es humilde porque no sabe más.
El experimentador que no sabe lo que está buscando no comprenderá lo que encuentra.
Un optimista es el que cree que todo tiene arreglo. Un pesimista es el que piensa lo mismo, pero sabe que nadie va a intentarlo.
El hombre no puede aprender más que en virtud de lo que sabe.
Genio es aquel que, en todo momento, sabe plasmar en hechos sus pensamientos.
Quien aspira a adquirir riqueza u honores no sabe amar.
Un hombre no es más que lo que sabe.
El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.
El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.
Un hombre inteligente es aquel que sabe ser lo suficientemente inteligente como para contratar a personas más inteligentes que él.
Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.
Nada se sabe bien sino por medio de la experiencia.
¿Qué importa saber qué es una recta si no se sabe lo que es la rectitud?
El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos encontrados en la calle siempre tienen más cosas que decir que cuando vamos solos.
Quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia.
La primera virtud es frenar la lengua, y es casi un dios quien, teniendo razón, sabe callarse.
Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que será.
El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.
Se hace ligera la carga que se sabe llevar bien.