Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores.
La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.
Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos.
Cuando el dolor es insoportable, nos destruye; cuando no nos destruye, es que es soportable.
Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿es que vales la pena vestirse y desnudarse?
El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
Con el poder mantenemos una relación ambigua: sabemos que si no existiera autoridad nos comeríamos unos a otros, pero nos gusta pensar que, si no existieran los gobiernos, los hombres se abrazarían.
No importa que las mujeres nos fastidien; lo que no soportamos es que nos fastidie siempre la misma.
Las ideologías nos separan, los sueños y la angustía nos unen.
Las costumbres del que nos habla nos convencen más que sus razonamientos.
Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.
Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; creo que se puede hacer lo mismo para curar el alma.
Unidos, nos mantendremos en pie; divididos, nos caeremos.
Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, simplemente porque ellos pueden escoger lo que les sucederá. Están aburridos porque son omnipotentes... La cosa que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan o que no esperamos.
La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.
Dios, que muestras nuestras lágrimas a nuestro conocimiento, y que, en su inmutable serenidad, nos parece que no nos tiene en cuenta, ha puesto él mismo en nosotros esta facultad de sufrir para enseñarnos a no querer hacer sufrir a otros.
Latoso es el que nos quita la soledad y no nos da compañía.
Antes hay que desconfiar del que busca razones por las que nos beneficia, que del que nos beneficia sin buscar razones.
Nos reímos del honor y luego nos sorprendemos de encontrar traidores entre nosotros.
No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, bajo el pretexto de que somos hombres y solo debemos pensar en las cosas humanas, ni a quienes, por ser mortales, nos llevan a renunciar a las cosas inmortales.
La fortuna es como un vestido: muy holgado nos embaraza, y muy estrecho nos oprime.
Resulta una gran verdad que el destino es una ley cuyo significado se nos escapa, porque nos faltan una inmensidad de datos.
Si nos volvemos hacia una realidad más grande, es una mujer quien nos tendrá que enseñar el camino. La hegemonía del macho ha llegado a su fin. Ha perdido contacto con la tierra.
La nada es un infinito que nos envuelve: venimos de allá y allá nos volveremos. La nada es un absurdo y una certeza; no se puede concebir, y, sin embargo, es.
Poca cosa nos consuela porque poca cosa nos aflige.
En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.
A menudo, la fortuna nos hace pagar muy caro lo que creemos que nos ha regalado.
No hemos de gozar con mayor deleite las cosas que nos han costado caras, ni con menos las que no nos han costado nada.
Cuando un amigo nos pide algo, la palabra "mañana" no existe.
Creo en el Dios de Spinoza, que nos revela una armonía de todos los seres vivos. No creo en un Dios que se ocupe del destino y las acciones de los seres humanos.