La muerte es dulce; pero su antesala, cruel.
La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a todas las mujeres, sin olvidarse de ninguno — ¡Dios, qué fatal memoria! — y los que por ahora estamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio.
La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.
Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad.
Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.
La muerte no es más que un cambio de misión.
Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo que perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.
Sigo preguntándome si hay vida después de la muerte. Y si la hay, ¿le cambiarán a uno un billete de veinte pavos?
Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérala, pues, en todo lugar.
La muerte es el menor de todos los males.
Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte.
Si todavía no conoces la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?
En otro tiempo, intenté convencerme de que no hay vida después de la muerte, pero me he descubierto incapaz de hacerlo.
La muerte no os concierne ni vivo ni muerto: vivo, porque sois; muerto porque ya no sois.
A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.
La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.
No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tener siempre presente. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre.
¿Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas?
Siempre son los demás los que se mueren.
Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas.
La muerte es una traición de Dios.
La muerte no es más que un sueño y un olvido.
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos.
El hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos.
Conviene vivir considerando que se ha de morir; la muerte siempre es buena; parece mala a veces porque es malo a veces el que muere.
Algo hay tan evidente como la muerte y es la vida.
La vida es una gran sorpresa. No veo por qué la muerte no podría ser una mayor.
Es la muerte la falta de instrumentos del alma por los cuales se prolonga la vida.
La muerte es un proceso terminal que consiste en la extinción del proceso homeostático de un ser vivo y, por ende, concluye con el fin de la vida. El proceso de fallecimiento -aunque está totalmente definido en algunas de sus fases desde un punto de vista neurofisiológico, bioquímico y médico-, aún no es del todo comprendido en su conjunto desde el punto de vista termodinámico y neurológico y existen discrepancias científicas al respecto.