El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad, sino en la patología, y debería tenderse en la camilla y dejarse curar.
Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su propio mundo.
El hombre no revela mejor su propio carácter que cuando describe el carácter de otro.
Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda ni el más pequeño rincón para el sentido propio.
Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio.
El que revela el secreto de otros pasa por traidor; el que revela el propio secreto pasa por imbécil.
Todas las cosas buenas son nuestras; ya el alma no necesita del cuerpo más que lo que el propio cuerpo necesita del alma.
Excelente es tener la fuerza de un gigante, pero usarla como un gigante es propio de un tirano.
La fuerza que no va guíada por la prudencia, cae por su propio peso.
El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.
No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.
El hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y puede alegrarse del bien ajeno como si fuera propio.
Se sufre de dos clases de celos: los del amor y los del amor propio.
En los celos hay más amor propio que amor.
Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.
Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.
Hay otro linaje de escépticos mucho más terribles, si cabe, que los que creen que todo es materia; todavía queda el caso de aquel escéptico para quien todo se reduce a su propio yo.
La vanidad es el amor propio al descubierto.
Bernard Le Bouvier de Fontenelle
Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios.
El pan más sabroso y la comodidad más agradable son los que se ganan con el propio sudor.
Un viajero sabio nunca desprecia su propio país.
El hombre se adentra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio.
La oxidación por falta de uso desgasta mucho más las herramientas que el propio trabajo.
La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
Escoger el propio tiempo es ganar tiempo.
Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas preferencias son sugeridas por el suyo propio.
De haber escrito mi propio epitafio, este habría sido: Tuve una riña de enamorados con el mundo.
Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás. Si quieres comprender a los demás, mira en tu propio corazón.
Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común.