Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos.
Al bien hacer jamás le falta premio.
La cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse.
Jamás el esfuerzo conduce a la fortuna.
El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
Un discípulo de quien jamás se pide nada que no pueda hacer, nunca hace todo lo que puede.
Jamás es perdido el bien que se hace.
Hay tres cosas que jamas he podido comprender: el flujo y reflujo de las mareas, el mecanismo social y la lógica femenina.
Hay dolores que matan, pero los hay más crueles, los que nos dejan la vida sin permitirnos jamás gozar de ella.
Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás.
Perdona a tus enemigos, pero jamás olvides su nombre.
Jamás negociemos con miedo, pero nunca temamos negociar.
Jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas ya descubiertas.
El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.
No llames jamás feliz a un mortal hasta que no hayas visto cómo, en su último día, desciende a la tumba.
Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos, el interés jamás ha forjado uniones duraderas.
Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.
La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.
El malvado descansa algunas veces; el necio jamás.
En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
Jamás penséis que una guerra, por necesaria o justificada que parezca, deja de ser un crimen.
Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio.
La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás.
El pasado y el porvenir, esas dos mitades de la vida, una de las cuales dice jamás, y la otra siempre.
Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir.
De la conquista podemos decir que no se ha producido jamás por la fuerza y la imposición brutal, pues no dura una conquista de esta naturaleza. La conquista, lo mismo que el poder de imposición, ha de aportar, cosa esencial en toda sociedad humana, algún beneficio consigo, o bien los hombres con toda su fuerza la rechazarán.
Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate.
El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.