En muchos casos encontramos motivos nobles y heroicos para actos que hemos cometido sin saberlo o sin querer.
El bien que hemos hecho nos da una satisfacción interior, que es la más dulce de todas las pasiones.
Hemos de saber anticiparnos a encontrar lo cómico que haya en nosotros. Así podremos evitar que otros se burlen de nuestra escasa perfección.
La experiencia es el primero de los filósofos, pero el más doloroso cuando hemos llegado a conocer bien su ciencia.
Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos.
Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy.
Desde la infancia nos enseñan; primero a creer lo que nos dicen las autoridades, los curas, los padres... y luego a razonar sobre lo que hemos creído. La libertad de pensamiento es al revés: primero hay que razonar y luego creeremos en lo que nos parezca bien de lo que razonamos.
Lo que solemos llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado.
Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado.
Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como algo que cualquiera logra en sesenta minutos por hora, hagas lo que hagas.
Hemos olvidado que nuestra única meta es vivir y que vivimos cada día, y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestra verdadera meta si vivimos... Los días son frutos y nuestro papel es comerlos.
Ser adulto significa olvidar lo desconsolados que nos hemos sentido con frecuencia de niños.
La virilidad empieza cuando hemos aprendido a vivir en la necesidad.
¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?
Hemos modificado tan radicalmente nuestro entorno que ahora debemos modificarnos a nosotros mismos para poder existir dentro de él.
No hemos de gozar con mayor deleite las cosas que nos han costado caras, ni con menos las que no nos han costado nada.