La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
A mi juicio, el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz.
La guerra deja una ardua herencia de guerras.
La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro.
Esta es la primera vez que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.
Si al cruzar una montaña en dirección a una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, corre el riesgo de olvidar cuál es la estrella que lo guía.
La simpatía, pasión animal, es también una pasión egoísta. Pero no deja de ser nuestra mejor oportunidad para evadirnos del egoísmo.
Un problema deja de serlo si no tiene solución.
Quien deja vivo al ofendido, ha de temer siempre a la venganza.
Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige.
Deja de arañar la corteza; hay fruta madura en tu frente.
Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes.
La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver.
La existencia dividida por la razón siempre deja un resto.
Cuando el peligro parece ligero, deja de serlo.