La mujer es como los autos, a la vejez es cuando más se pintan.
Una revolución no es digna de llamarse así si con todo el poder y los medios que dispone no logra ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como en el pasado— a salir adelante y avanzar en el camino del progreso social e individual.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues su fin es la obediencia, la pasividad y la sumisión.
Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa está muy cerca de entender los de llevar un país.
El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.
¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!
Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer, no será humana.
Mediante el trabajo, la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa.
La mujer no es más que el hombre imperfecto.
Aspirar es un privilegio de la mujer.
Mano sobre mano, como mujer de escribano
El hombre reina y la mujer gobierna.
Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas preferencias son sugeridas por el suyo propio.
En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.
Esa que llaman Fortuna por ahí es una mujer borracha y caprichosa, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace ni sabe a quién derriba.
Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y, detrás de ella, su esposa.
Todo lo que una mujer quiere de verdad - un perro, un hombre, Dios, cualquier cosa - lo quiere como a un hijo.
Dos especies de lágrimas tienen los ojos de la mujer: de verdadero dolor y de despecho.
El perfume anuncia la llegada de una mujer y alegra su marcha.
Aunque tu mujer haya cometido cien faltas no la golpees ni con una flor.
La mujer ha de ser dueña, y parecerlo, que es más.
A la sombra de un hombre célebre hay siempre una mujer que sufre.
Es tan injusto poseer exclusivamente a una mujer como poseer esclavos.
Aquí un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra.
Dos hombres traicionados por la misma mujer son algo parientes.
Los que matan a una mujer y después se suicidan deberían cambiar el sistema: suicidarse antes y matarla después.
No existe el hombre que haya podido descubrir el medio de dar un consejo de amigo a una mujer, ni siquiera a la suya.
Prefiero que me incineren a que me entierren, y ambas cosas prefiero a un fin de semana con mi mujer.
Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y no los suelta hasta morir de viejo.