Si falta la diplomacia, recurra a la mujer.
¡Ah, el eterno femenino!, decía aquel señor cuya mujer nunca acababa de morir.
La mujer escoge muchas veces al hombre que la ha de escoger a ella.
La revolución feminista ha convertido a la mujer en ese tipo de hombre que a mí me entristecía cuando era joven, ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino. Ahí es donde terminó su revolución, su asalto al poder.
Quien quiera ver prosperar sus negocios, consulte a su mujer.
A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es hallar el hombre a quien serle fiel.
Cuando un hombre se echa atrás, sólo retrocede de verdad. Una mujer sólo retrocede para coger carrerilla.
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
No se es amigo de una mujer cuando se puede ser su amante.
La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.
La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?
El poder arbitrario es una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer.
La mujer compuesta quita el marido de otra puerta.
No se nace sino que se deviene mujer.
Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad.
En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces.
Una mujer que es amada siempre tiene éxito.
La volubilidad de la mujer a quien amo es sólo comparable a la infernal constancia de las mujeres que me aman.
Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre.
En política, si quieres que se diga algo, pídeselo a un hombre. Si quieres que se haga algo, pídeselo a una mujer.
La mujer es como la sombra: si la huyes, sigue; si la sigues, huye.
La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.
Una mujer no comienza a mostrar su edad hasta que empieza a ocultarla.
La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.
Ella camina silenciosamente, pero, bajo ese aspecto tranquilo, es todo furia, pura energia eléctrica. La mujer común es tan común como una tormenta.
La mujer no existe. Solo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.
La mujer es algo mientras que el hombre no es nada.
La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos.
Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.