Por muy poderosa que sea el arma de la belleza, desgraciada la mujer que solo a este recurso debe el triunfo sobre un hombre.
En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones.
La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que tal cuerpo habita, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla.
El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos encontrados en la calle siempre tienen más cosas que decir que cuando vamos solos.
Nunca he engañado a mi mujer. No es ningún mérito: la amo.
La fragilidad tiene nombre de mujer.
A mayor talento, en la mujer, mayor indocilidad.
Cualquier mujer que aspire a comportarse como un hombre, seguramente carece de ambición.
Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame
Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.
Los celos pueden ser una forma nueva de probar el amor, pero también pueden ofender la dignidad de una mujer perfectamente delicada.
La mujer celosa cree todo lo que la pasión le sugiere.
En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.
La mujer celosa en sí no reposa, y al marido siempre le trae aflicción.
El hombre es celoso si ama; la mujer también, aunque no ame.
En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor.
Lo único en el mundo peor que una mujer es otra.
No hay manto ni sayo que peor siente a la mujer que el querer ser sabia.
Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.
Una mujer amablemente estúpida es una bendición del cielo.
Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones.
La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.
Elige una mujer de la cual puedas decir: Yo podría haber buscado una más bella, pero no mejor.
Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un pelo de mujer.
Todos los hombres tienen una mujer en el pensamiento; los casados, además, tienen otra en casa.
Crecí besando libros y pan. Desde que besé a una mujer, mis actividades con el pan y los libros perdieron interés.
El primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta; el segundo, un imbécil.
La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.
El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre.
Una mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos.