Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías: esta es la primera ley de la Naturaleza.
La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado.
Para ser libres hay que ser esclavos de la ley.
Yo defendería la ley, aunque no fuera más que para protegerme de mí mismo.
Injusta es la ley que no es igual para todos.
La ley es inexorable, como los perros: no ladra más que al que va mal vestido.
Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.
La ley es, pues, la distinción de las cosas justas e injustas, expresada con arreglo a aquella antiquísima y primera naturaleza de las cosas.
La costumbre hace ley.
Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla.
En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas : ley, opinión publica y conciencia.
Nada destruye más el respeto por el gobierno y la ley de un país que la aprobación de leyes que no pueden aplicarse.
Para destruir las malas prácticas, la ley es mucho menos útil que los esfuerzos individuales.
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.
La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandato de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imponer y del prohibir.
La ley es el lecho por donde pasa el torrente de los hechos.
En todas las cosas parece existir como ley un círculo.
Dos cosas llenan el alma de admiración y respeto, siempre nuevas y crecientes, cuanto más se reflexiona sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí.
Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.
La ley de la sociedad es cada uno para todos y todos para cada uno.
No todo lo que la ley permite es siempre honesto desde el punto de vista moral.
La ley suprema es el bien del pueblo.
La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.
Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta y acepta voluntariamente una pena de prisión, para que se levante la conciencia social contra esa injusticia, en realidad, demuestra un respeto superior por el derecho.
Interpretar la ley es corromperla, los abogados las matan.
La ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe tanto al rico como al pobre dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan.
La ley es poderosa, pero más poderosa es la necesidad.
El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.