La calma absoluta no es la ley del océano. Lo mismo ocurre en el océano de la vida.
La noche es larga para quien yace despierto; la milla es larga para quien va cansado; la vida es larga para el necio que no conoce la verdadera ley.
Resulta una gran verdad que el destino es una ley cuyo significado se nos escapa, porque nos faltan una inmensidad de datos.
Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.
La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo.
La ley del mundo es aprovecharse de los otros, si no queremos que los otros se aprovechen de nosotros.