El padre y el hijo son dos. La madre y el hijo son uno.
Señoras que se dan codazos para decirse que están en la tele.
Señoras que te ven grabando en la calle y te preguntan: -"¿Y esto cuándo sale?".
Señoras que duermen con una espada bajo la cama... por si los orcos.
En la vida no hay cosas que temer. Solo hay cosas que comprender.
El amor está muy bien a su modo, pero la amistad es una cosa mucho más elevada. Realmente no hay en el mundo nada más noble y raro que una verdadera amistad.
Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia.
La amistad es el amor, pero sin sus alas.
Después de la lluvia, el amor consuela como el resplandor del sol.
El amor es como la fiebre: brota y aumenta contra nuestra voluntad.
El amor nace de un flechazo; la amistad del intercambio frecuente y prolongado.
Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral.
El amor se hace más grande y noble en la calamidad.
El amor está oculto como el fuego en la piedra.
El amor es la fuerza más sutil y penetrante.
El secreto de la dicha en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
No nos engañemos, el poder no tolera más que las informaciones que le son útiles. Niega el derecho a la información a los periódicos que revelan las miserias y las rebeliones.
El amor o el odio hacen que el juez no conozca la verdad.
En la mayoría de los casos aún continúa siendo eficaz contra el amor el viejo remedio radical: el amor que responde al nuestro.
El amor no tiene remedio pero es la única medicina para todos los males.
Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
Allí donde hay amor, hay vida; el odio conduce a la destrucción.
En vez de amor, dinero o fama, dame la verdad.
La última sonrisa del amor, muy frecuentemente, son las lágrimas.
La mujer no se nace, sino que se hace.
Luchar contra nuestro destino sería un combate como el del manojo de espigas que quisiera resistirse a la hoz.
Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.
Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces, como hay azar y como hay destino, filosofemos.
Yo desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino más honroso: derramar mi sangre por la libertad de mi patria.