Allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia.
No se puede tener un gobierno mayor ni menor que el de uno mismo.
El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.
¿Por qué ha sido instituido el gobierno? Porque las pasiones de los hombres no se ajustan a los dictados de la razón y la justicia sin una fuerza coercitiva.
Nada destruye más el respeto por el gobierno y la ley de un país que la aprobación de leyes que no pueden aplicarse.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
El gobierno no está hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan.
Es una verdad indiscutible que el conjunto del pueblo de cada país desea sinceramente su prosperidad; pero es igualmente irrefutable que no posee el discernimiento y la estabilidad necesarios para un gobierno sistemático.
¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.
No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.
La excelencia de un gobierno no se juzga por su orden.
Si tuviera que dimitir cada vez que el Gobierno discrepa conmigo, no duraría una semana como ministro de Defensa.
Es absurdo que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce.
Estoy a favor de un gobierno que sea vigorosamente frugal y sencillo.
Si no existieran hijos, yernos, hermanos y cuñados, cuántos disgustos se ahorrarían los jefes de gobierno.
A mi juicio, el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz.
Ningún pueblo confía en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
Cuando un gobierno dura mucho tiempo, se descompone poco a poco y sin notarlo.
La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
En materia de gobierno, todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.
Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.
El gobierno tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos.
Un buen gobierno es como una buena digestión; mientras funciona, casi no la percibimos.
Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible.
Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.
La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado.
La revolución, por su naturaleza, produce gobierno; la anarquía no produce sino más anarquía.