El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños.
El pasado es una colección interminable de horrores que solo merece el más completo olvido; el futuro, una incógnita poco confiable que hay que asegurar; el presente, el campo de batalla donde hay que garantizar la vejez.
Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender aunque más no sea una porción diminuta de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.
Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate.
El entusiasmo es el pan diario de la juventud. El escepticismo, el vino diario de la vejez.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.
Puedes engañar a todo el mundo alguna vez. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos caballos enérgicos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del caballo negro (placer) y armonizarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir.
El equilibrio mental, el juicio recto, el valor moral, la audacia, la resistencia, la forma de tratar al prójimo y cómo obtener el mayor bien de los contratiempos son cosas que no se aprenden en la escuela.
Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho.
El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, siempre utiliza heraldos humildes.
Si el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y la virtud son perniciosas.
El hombre sensato cree en el destino; el voluble en el azar.
Siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence.
El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.
Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía.
El camino misterioso va hacia el interior. Es en nosotros, y no en otra parte, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.
El suicida es la antítesis del mártir. El mártir es un hombre que se preocupa tanto por los demás que olvida su propia existencia. El suicida se preocupa tan poco por todo lo que no sea él mismo, que desea la aniquilación general.
El Estado, al igual que el suelo sobre el que se halla situado, no es un patrimonio. Consiste en una sociedad de hombres sobre los cuales únicamente el Estado tiene derecho a mandar y disponer. Es un tronco que tiene sus propias raíces.
Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
El corazón humano es un instrumento con muchas cuerdas. El que conoce bien a los hombres sabe hacerlas vibrar todas, como un buen músico.
El amor es el hijo de la ilusión y el padre de la desilusión.
El amor es la alegría de lo bueno, la maravilla de los sabios, el asombro de los dioses.
Una mujer conoce el rostro del hombre que ama, como un marinero conoce el mar abierto.
El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos.
El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido.
Así como el hierro se oxida por falta de uso, así también la inactividad destruye el intelecto.
El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida.
He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces confiaron en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo fallé. He fracasado una y otra vez en mi vida, y por eso tengo éxito.