Nada nos envejece tanto como la muerte de aquellos que conocimos en la infancia.
Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
Busca dentro de ti la solución de todos los problemas, hasta aquellos que creas más exteriores y materiales.
La mayor parte de aquellos que no quieren ser oprimidos, quieren ser opresores.
Los placeres son como los alimentos: los más simples son aquellos que menos cansan.
No podemos negociar con aquéllos que dicen, «lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable».
La traición la emplean únicamente aquellos que no han llegado a comprender el gran tesoro que se posee siendo dueño de una conciencia honrada y pura.
Sólo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir hasta dónde se puede llegar.
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Aquellos que padecen una indigestión o una borrachera no saben lo que es comer ni lo que es beber.
El respeto mutuo implica la discreción y la reserva, incluso en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de la libertad de aquellos con quienes se convive.
La fama suele alcanzar a aquellos que están pensando en otra cosa.
Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión.
Los que se quejan de cómo rebota la pelota son aquellos que no saben golpearla.
De aquellos polvos vienen estos lodos.
Siempre habrá soledad para aquellos que son dignos.
Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó.
Todos aquellos planes que no sean trazados plenamente según todas las disposiciones del género, tienen que fracasar.
Sin duda, no hay cacería como la caza de hombres y aquellos que han cazado hombres armados durante el suficiente tiempo y les ha gustado, en realidad nunca se interesarán por nada más.
No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
Las diversiones son la felicidad de aquellos que no saben pensar.
Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia.