En cuanto el alma pierde la aureola juvenil, los generosos torneos por el aplauso son sustituidos por las egoístas competencias por el dinero.
La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?
Rechazo toda violencia en la educación de un alma tierna que se adiestra para el honor y la libertad.
Dos cosas llenan el alma de admiración y respeto, siempre nuevas y crecientes, cuanto más se reflexiona sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí.
Todo aquel que aspira al poder ya ha vendido su alma al diablo.
Cuando el niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma.
Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; creo que se puede hacer lo mismo para curar el alma.
Yo soy el dueño de mi destino; yo soy el capitán de mi alma.
Una de las ventajas de las buenas acciones es la de elevar el alma y disponerla a hacer otras mejores.
Las lágrimas son la sangre del alma.
La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
Conocí un segundo nacimiento, cuando mi alma y mi cuerpo se amaron y se casaron.
La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo.
Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.
Ahora empiezo a meditar sobre lo que he pensado, a ver su fondo y su alma, y por eso ahora amo más la soledad, pero aún poco.
Los ojos son el punto donde se mezclan alma y cuerpo.
Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.
La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.
El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.
La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
La meditación es el ojo del alma.
No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma.
El pudor es la epidermis del alma.
Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.
El acento es el alma del discurso.