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Frases de majestad

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-Su majestad, le voy a recetar estos somníferos paquiduerma mejor. -YA VALE LA BROMITA NO? -Su majestad, por favor, no me elefante la voz.

Anónimo

En el miércoles por la noche - es decir, el día que vi a Su Majestad en este punto en particular - que tuve la oportunidad de consultar con todos los que le propuse a someterse a su Majestad como ministros.

Robert Peel

Lo fascinante de los australianos es que tienen esta calidad que son impermeables a la majestad. No están asombrados.

Tom Hooper

En casi todas las entrevistas que alguien pregunta ¿qué se pusiera de pie para. Ni siquiera puedo recordar nuestra última mentira de eso. Cuando Hanson estaba caliente, dijimos que significa Hanson es asesinato. El nombre no tiene una historia particular. Su Majestad Infernal era una banda totalmente diferente. Creo que ÉL se deriva de alguna muerte broma metal.

Ville Valo

Tengo a mis espaldas no sólo las espléndidas tradiciones y los anales de más de mil años, pero la fuerza de vida y majestad de la Commonwealth y el Imperio, de las sociedades antiguas y nuevas, de las tierras y razas diferentes de la historia y orígenes, pero todos, por voluntad de Dios Will, unidos en espíritu y en fin.

Queen Elizabeth II

La palabra majestad ahora se cayó, pero, con el más profundo respeto y humildad, que se había tratado en la cuenta. ¿Qué podía hacer? Acepté el título, y desde ese momento yo era conocido como el Conde Pedro.

Adelbert von Chamisso

Tengo mis mejores ideas en una tormenta. Yo tengo el poder y la majestad de la naturaleza de mi lado.

Ralph Steadman

Sólo la virtud tiene la majestad de la muerte.

Edward Young

Más de un pecado me en cuerpo y alma ha mancillado porque no me contengo mis pensamientos ni guardo mis labios: sin embargo, es a Ti, oh Dios de majestad y el amor, que me dirijo en mi extremo, porque tú eres la fuente de la misericordia , a ti, tan pronto como se me permite, la velocidad, porque sólo Tú ¿Dispondrás curarme, me refugio bajo Tu protección.

Saint Ambrose

A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidades del espíritu; no por el pan cotidiano, sino por el pan de la verdadera vida.

Thomas Carlyle

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