Pocos pelos, pero bien peinados.
Cada cual es dueño de su miedo.
Bien canta Marta después de estar harta.
Ya que la esperanza se ha perdido, ¿qué queda por perder en esta vida?
Un aumento de caudal, nunca viene mal.
Quien habla sin razonar, mucho se lamentará.
Fui ingenuo hasta que, cayendo, aprendí.
Rectificar es de sabios.
Cada campana suena según el metal del que está hecha.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
No hagas cosas buenas que parezcan malas.
Bailar sin ritmo es estar loco o tener una gran afición.
Los besos y abrazos no hacen niños, pero acercan a las personas.
Fácil es recetar, pero difícil curar.
Vale más ser envidiada que envidiosa.
La ley del embudo: para mí lo ancho y para ti lo estrecho.
Ganar sin guardar poco se valora.
Justicia es agravio, cuando no la aplica el sabio.
Favorecer a un malvado es como echar agua en un saco sin fondo.
Dale más de lo que puedas devolver, y perderás a tu amigo.
El amor es ciego, y el matrimonio lo cura.
Yeso y cal cubren muchos males.
No desprecias a quien poco tiene, que algún día podrá tener mucho.
Los falsos diamantes no engañan a nadie, solo en pueblos grandes.
Tropezando y cayendo al andar, el niño aprende.
Las canas y los dientes son accidentes; arrastrar los pies, eso sí es vejez.
Tanto hace por su fama quien te envidia como quien te alaba.
Mandan unos, mandan otros, los tontos siempre somos nosotros.
Dar gato por liebre no solo se ve en las ventas.