El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.
El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe.
La educación, más que cualquier otro recurso de origen humano, es el gran igualador de las condiciones del hombre, el motor de la maquinaria social.
El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar.
El hombre no es un animal social, sino cordial, y la familia es la forma menos imperfecta de la cordialidad humana.
Una revolución no es digna de llamarse así si con todo el poder y los medios que dispone no logra ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como en el pasado— a salir adelante y avanzar en el camino del progreso social e individual.
Si alguna vez descubre usted alguna ley, sea usted prudente y no trate de aplicarla. Ha descubierto la ley…, es bastante. Porque si esta ley es física y trata de aplicarla en una máquina, tropezará con la materia bruta; y si es una ley social, tropezará con la brutalidad de los hombres.
Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta y acepta voluntariamente una pena de prisión, para que se levante la conciencia social contra esa injusticia, en realidad, demuestra un respeto superior por el derecho.
El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
La falsedad y el disimulo son útiles en la vida social. Yo no he tenido esa condición, y creo que no tenerla me ha perjudicado más que otra cosa. También me ha perjudicado un poco, al tratar con propios y extraños, el no tener solemnidad.
Sin nuestro sufrimiento, nuestra tarea no diferiría de la asistencia social.