Las naciones son como ciertas familias; sólo a pesar suyo tienen grandes hombres.
La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perder de vista mientras se persiguen.
Muy pocos grandes hombres proceden de un ambiente fácil.
Los pequeños hechos revelan mejor que los grandes el carácter de una persona.
No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.
Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo.
La concordia hace crecer las pequeñas cosas, la discordia arruina las grandes.
La gratitud es como aquel licor de Oriente que sólo se conserva en jarros de oro: perfuma las almas grandes y se agria en las pequeñas.
El tiempo no duerme los grandes dolores, pero sí los adormece.
Por muchas riquezas que el hombre posea y por grandes que sean la salud y las comodidades que disfrute, no se siente satisfecho si no cuenta con la estimación de los demás.
La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuán felices piensan que deben ser ellos.
El mundo no puede dar alegrías tan grandes como son las que quita.
Por la armonía, los pequeños estados se hacen grandes, mientras que la discordia destruye los imperios más poderosos.
La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida.
El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba.
En lo que respecta a grandes sumas, lo más recomendable es no confiar en nadie.
Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas.
Muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan atrapados en ellas; los grandes la rompen.
La base de todas las sociedades grandes y duraderas ha consistido, no en la mutua voluntad que los hombres se tenían, sino en el recíproco temor.
En las mujeres, el instinto equivale a la perspicacia de los grandes hombres.
En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.
Cuando llegamos a viejos los pequeños hábitos se vuelven grandes tiranías.
Los grandes incendios nacen de las chispas pequeñas.
Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, simplemente porque ellos pueden escoger lo que les sucederá. Están aburridos porque son omnipotentes... La cosa que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan o que no esperamos.
La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que han empleado para adquirirla.
Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.
La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, igual que el viento apaga las velas y aviva las hogueras.
Para llevar a cabo grandes empresas hay que vivir convencidos, no de que somos longevos, sino inmortales.