Por tradición y lógica, el Estado para lograr sus fines tiene que recolectar tributos. Esto requiere robar, a punta de pistola, dinero (propiedad privada) a todos sus súbditos, incluso a aquellos que no desean sus proyectos. Esto es robo a mano armada. No hay otro término que lo pueda definir. El Estado continúa en su labor, primero porque tiene más armas que los saqueados, y segundo porque la población ha llegado a creer, tras tantos años de adoctrinamiento público, que semejante latrocinio es necesario para la conservación y el progreso de la civilización.
El mundo es maravilloso, bello y bueno más allá de la imaginación más salvaje de uno. Nunca, nunca, nunca se podría concebir lo que es el amor, de antemano, nunca. La vida puede ser grande, muy semejante a Dios. Puede ser que sí. Gracias a Dios que lo he probado.
A lo largo de los siglos, el hombre se ha considerado hermoso. Yo más bien supongo que el hombre solo cree en su propia belleza por orgullo, para que no sea realmente hermoso y sospecha de sí mismo, pues ¿por qué mirar en la cara de su semejante con tanto desprecio?
El amor, ya sea recién nacido o despertado de un sueño semejante a la muerte, siempre debe crear el sol, llenando el corazón de esplendor, para que este se desborde sobre el mundo exterior.
El sufrimiento por lástima no es más que humano; aliviarlo es semejante a Dios.
Te olvidas de que el reino de los cielos sufre violencia, y el reino de los cielos es semejante a una mujer.
El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor.
El hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgó una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.