La libertad no la tienen quienes no tienen sed de ella.
A quienes niegan la libertad a otros no la merecen para sí, y bajo un Dios justo no pueden conservarla mucho tiempo.
Deberíamos conocer qué nos confunde de aquellos con los que vivimos y a quienes queremos.
El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.
Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen.
Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios.
Ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba.
Para quienes ambicionan el poder, no hay una vía media entre la cumbre y el precipicio.
Aléjate rápidamente de quienes emplean su tiempo en repetir que son patriotas y viven del patriotismo de los demás.
Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.
Normalmente, quienes educan a los niños y no les perdonan nada, se perdonan todo a sí mismos.
Cada momento es de oro para quienes saben valorarlo.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quienes confiar y viejos autores para leer.
Quienes compartieron nuestra niñez, nunca parecen crecer.
No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quienes le faltamos a él.
A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.
Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas.
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.
Los apellidos famosos, en lugar de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos.
El respeto mutuo implica la discreción y la reserva, incluso en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de la libertad de aquellos con quienes se convive.
Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz.
Los perros sólo ladran a quienes no conocen.
La necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer.
Humana cosa es tener compasión de los afligidos; y esto, que en toda persona parece bien, debe máximamente exigirse a quienes hubieron menester consuelo y lo encontraron en los demás.
Los hombres pasan, los recuerdos permanecen, como permanecen las obras de quienes hacen algo.
En resumidas cuentas, en este mundo, cada cual consigue lo que se merece. Pero sólo quienes alcanzan el éxito lo reconocen.
No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.