El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.
El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor.
El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte.
Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.
Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
El mal, en cualquier forma que tome dentro de lo humano, no tiene significado alguno para un alma fuerte, serena y segura de sí misma.
Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver.
Odio al cinismo más que al diablo, a menos que ambos sean la misma cosa.
La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.
El que niega el progreso es un impío; el que niega el progreso niega la providencia, pues providencia y progreso son la misma cosa, y el progreso no es más que uno de los nombres humanos del Dios Eterno.
Nadie puede usar la palabra progreso si no tiene un credo definido y un férreo código moral… Porque la misma palabra progreso indica una dirección; y en el mismo momento en que, por poco que sea, dudamos respecto a la dirección, pasamos a dudar en el mismo grado del progreso.
La sociedad humana constituye una asociación de las ciencias, las artes, las virtudes y las perfecciones. Como los fines de la misma no pueden ser alcanzados en muchas generaciones, en esta asociación participan no sólo los vivos, sino también los que han muerto y los que están por nacer.
Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión.
No importa que las mujeres nos fastidien; lo que no soportamos es que nos fastidie siempre la misma.
Una Constitución no puede por sí misma hacer feliz a un pueblo. Una mala sí puede hacerlo infeliz.
No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos.
La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
En el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad.
Coged las rosas mientras podáis, que el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta.
El mar, por su naturaleza, estaría tranquilo y quieto si los vientos no lo revolvieran y turbaran. De la misma manera, el pueblo estaría quieto y sería dócil si oradores y sediciosos no lo removieran y agitaran.
Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría.
No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.
Nadie debe cometer la misma tontería dos veces; la elección es suficientemente amplia.
No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.
Abstemio: Persona que se niega a sí misma un placer.
El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete a cumplir el sentido de su vida.
Dos hombres traicionados por la misma mujer son algo parientes.
La victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con la misma serenidad y un saludable punto de desdén.
A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde.
No hay peor cuña que la de la misma madera.