Somos muy abiertos y francos acerca de nuestra fe y nuestras creencias. También hablamos de nuestras dudas, de nuestros momentos de inseguridad. Hablamos de ello todo el día, de cómo estamos inspirados por Dios. Reconocemos pequeños milagros todos los días, y así es como estamos criando a nuestra hija.
Los que han sido muy francos en la defensa de los derechos humanos durante los últimos cuarenta años, a su vez, han cogido el derecho humano más fundamental de los pueblos de los países del Tercer Mundo.
Un libro vale unos francos, nosotros, los alemanes, podemos darnos el lujo de destruir a aquellos. No todos pueden apreciar el mérito artístico, pero el valor en efectivo es otro asunto.