Si no tienes enemigos es señal que la fortuna te ha olvidado.
¿Preguntas qué es la libertad? No ser esclavo de nada, de ninguna necesidad, de ningún accidente y conservar la fortuna al alcance de la mano.
No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
El tiempo es el único capital de las personas, que solo tienen su inteligencia como fortuna.
Esa que llaman Fortuna por ahí es una mujer borracha y caprichosa, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace ni sabe a quién derriba.
La fortuna da demasiado a muchos, pero a ninguno lo suficiente.
Más de un hombre habría sido peor si su fortuna hubiera sido mejor.
Es falso que se haya hecho fortuna, cuando no se sabe disfrutarla.
Detrás de cada gran fortuna hay un delito.
Para conseguir la más pequeña fortuna, vale más decir cuatro palabras a la querida de un rey que escribir cien volúmenes.
Si dais la impresión de necesitar cualquier cosa, no os darán nada; para hacer fortuna es preciso aparentar ser rico.
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
La fortuna es como un vestido: muy holgado nos embaraza, y muy estrecho nos oprime.
No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitarle nada.
Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó.
Para amasar una fortuna no se requiere ingenio, lo que se necesita es carecer de delicadeza.
Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.
Solo cuando madura cae el fruto de la fortuna.
La fortuna llega en algunos barcos que no son guiados.
No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
La fortuna juega a favor de una mente preparada.
A menudo, la fortuna nos hace pagar muy caro lo que creemos que nos ha regalado.
La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas.
Hay personas a las que la fortuna no les procura más que miedo de perderla.
La fortuna no está hecha para los perezosos y, para alcanzarla, antes de mantenerse bien sentado hay que correr tras ella.