El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas.
Escribe en la arena las faltas de tu amigo.
Drogba, Cristiano Ronaldo, Torres y Van Persie son unos 'piscineros'. (En el 2008 hablando acerca de la simulación de faltas)
Cuantas más faltas de ortografía hay en la carta de una admiradora más hermosa sé que es.
Atacar a un hombre, no por sus faltas, sino por sus virtudes. Porque el que consigas triunfar tú mismo, en cualquier aspecto de actividad racional, es una gran virtud, y la gente te atacará por ello. Querrán que te sientas culpable por ello. Esa es la peor maldad, de acuerdo con mi filosofía. Es lo que yo llamo “El odio de lo bueno por ser lo bueno”. Eso es atacar a las personas por sus virtudes. Por sus logros. Por cualquier cosa que tengan que sea un VALOR, realmente. No por sus fallos, y no por su maldad. De hecho, la gente que predica eso son los que están a favor de los malvados.
Y en los bancos donde escribimos a oscuras, sin pensar, todos los versos de "Heroes"... con las faltas de un joven.
Perdóname, olvídalo. Ojo con las faltas de los demás como te gustaría que te las hagan a ti.
Psiquiatría nos permite corregir nuestras faltas al confesar defectos de nuestros padres.
Los padres perdonan a sus hijos menos fácilmente por las faltas que ellos mismos inculcaron en ellos.
Nuestros sistemas, tal vez, no son más que una disculpa inconsciente por nuestras faltas, un andamio gigantesco cuyo objetivo es esconderse de nosotros nuestro pecado favorito.
Si no tuviéramos faltas de los nuestros, deberíamos tomar menos placer en quejarnos de los demás.
Sé que su virtud es muy amable; sus faltas las ve un poco ciegamente.
Habrá amigos que nos declaren sin reservas nuestras faltas y, sin embargo, no se decidirán a mencionar nuestras locuras.
Una amigo fiel es aquel que advierte tus faltas, no el que aprueba todo lo que haces.
Perder a viejos amigos por acumulación de pequeñas faltas es uno de los sucesos más dolorosos.
Anhelamos un afecto que ignora por completo nuestras faltas. El cielo nos ha concedido esto en el cariño acrítico de un perro.
Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores.
¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las faltas ajenas, teniendo tanto que decir de las mías?
Aunque tu mujer haya cometido cien faltas no la golpees ni con una flor.
Repara tus faltas cuando lloras.