Obedecer es nuestro deber, es nuestro destino, y aquel que no quiera someterse a la obediencia será necesariamente destruido.
El honor es la poesía del deber.
La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.
No es humano que el deber, por soñar con una humanidad perfecta, sea inexorable con los hombres.
El deber tiene una gran similitud con la felicidad de los demás.
Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber.
Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo lo que deberíamos hacer por deber.
¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser uno mismo.
El derecho y el deber son como las palmeras: no dan frutos si no crecen uno al lado del otro.
Todo poder es un deber.
El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
El patriotismo es la cuna del sacrificio. Por esta sola razón no se dan las gracias cuando uno cumple con su deber.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
Los niños son aún el símbolo del matrimonio eterno entre el amor y el deber.
Ayudar a quien lo necesita no solo es parte del deber, sino también de la felicidad.
Perseverar en el cumplimiento del deber y guardar silencio es la mejor respuesta a la calumnia.
El primero de nuestros deberes es poner en claro cuál es nuestra idea del deber.
El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.
Es deber aquello que exigimos de los demás.
El deber es lo que esperamos que hagan los demás, no lo que hacemos nosotros mismos.
Cumplid vuestro deber y dejad obrar a los dioses.
El único deber del hombre es andar siempre adelante.
¿Has cumplido con tu deber? Confía en el cielo, que no te abandonará.
No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.