Me he dado cuenta de que la mayoría de la gente está demasiado preocupada con su propia vida para dedicar a los demás el menor pensamiento.
La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
Mucha gente no puede ni emanciparse, es decir, no puede ni darse cuenta de la esclavitud en que le mantienen las ideas en medio de las cuales se ha educado.
El mundo moderno está lleno de hombres que sostienen dogmas con tanta firmeza, que ni siquiera se dan cuenta de que son dogmas.
No hablaríamos tanto en sociedad si nos diéramos cuenta del poco interés que los demás tienen en lo que decimos.
Quizá me estaba dando cuenta de lo que significaba el mundo laboral: hacer cosas sin tener el deseo de hacerlas.
El día que el hombre se diese cuenta de sus profundas equivocaciones, habría terminado el progreso de la ciencia.
El secreto de la educación es enseñar a la gente de tal manera que no se den cuenta de que están aprendiendo hasta que es demasiado tarde.
He dicho muchas veces que la política es la segunda profesión más baja y me he dado cuenta de que guarda una estrecha similitud con la primera.
Alguien puede salir de la masa, pero esto no cambia nada; así que eso debemos tenerlo en cuenta socialmente: las masas serán siempre las masas.
La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder.
Como no tenemos nada más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin tenerlo en cuenta.
Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso.
Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas.
La peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota.
Merece salir engañado aquel que, al hacer un beneficio, cuenta con la recompensa.
Dios, que muestras nuestras lágrimas a nuestro conocimiento, y que, en su inmutable serenidad, nos parece que no nos tiene en cuenta, ha puesto él mismo en nosotros esta facultad de sufrir para enseñarnos a no querer hacer sufrir a otros.
La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad se arrastra, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.
El hombre no se da cuenta de cuánto puede hacer, más que cuando realiza intentos, medita y desea.
Las mujeres son secretistas por naturaleza, y les gusta practicar el secreto por su cuenta.
Las preocupaciones acaban por comerse unas a otras, y al cabo de diez años, uno se da cuenta de que sigue viviendo.
¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!
Si pasas suficiente tiempo con un hombre, te darás cuenta de que todos somos aún niños pequeños.