Sólo el Estado consigue sus ingresos mediante coacción, amenazando con graves castigos a quienes se nieguen a entregarle su parte. A esta coacción se la llama “impuestos”, aunque en épocas de lenguaje menos refinado se la conocía con el expresivo nombre de “tributos”. La contribución es, pura y simplemente, un robo, un robo a grande y colosal escala, que ni los más grandes y conocidos delincuentes pueden soñar en igualar. Es una apropiación coactiva de las propiedades de los moradores (o súbditos) del Estado.
El Estado es la única organización que obtiene sus ingresos, no a través de contribuciones voluntarias o el pago por servicios prestados, sino a través de la coerción. (…) el Estado obtiene su renta mediante el uso de la compulsión, es decir, la amenaza de la cárcel y la bayoneta.
La contraeconomía es la suma de toda acción humana no agresiva que esté prohibida por el Estado. Lo contraeconómico es el estudio y la práctica de la contraeconomía. La contraeconomía incluye el mercado libre, el mercado negro, la economía subterránea, todos los actos de desobediencia civil y social, todos los actos de asociación prohibida (sexual, racial, interreligiosa), y cualquier otra cosa que el Estado, en cualquier tiempo y lugar, opte por prohibir, controlar, regular, gravar o tarifar. La contraeconomía excluye toda acción aprobada por el Estado (mercado blanco) y el mercado rojo (violencia y robo no aprobados por el Estado).
Creo que aunque hay ciertas tareas importantes que por motivos especiales son difíciles de realizar bajo instituciones estrictamente de propiedad privada, estas dificultades son teóricas, y pueden ser solucionables en la práctica. Sostengo que no hay ninguna función adecuada para el gobierno. En este sentido soy un anarquista. Todo lo que el gobierno hace puede ser clasificado en dos categorías: aquello que podemos suprimir hoy y aquello que esperamos poder suprimir mañana. La mayor parte de las funciones gubernamentales pertenecen al primer tipo.
En el estado socialista ideal, el poder no atraerá a maniáticos sedientos de poder. La gente que toma decisiones no mostrará el más leve sesgo debido a sus propios intereses. No habrá forma de que un hombre inteligente manipule las instituciones para servir a sus propios intereses. Y los ríos fluirán montaña arriba.
El uso directo de la fuerza física es una solución tan pobre al problema de los recursos limitados que normalmente sólo es empleado por niños pequeños y por las grandes naciones. La solución habitual es que el uso de cada cosa debe ser decidido por una persona o por algún grupo organizado bajo un conjunto de reglas. A esto se le llama propiedad. Si cada cosa es controlada por un individuo que tiene el poder de transferir ese control a otro, llamamos a eso la institución de la propiedad privada.
Una sociedad objetiva ideal con un gobierno limitado es superior a una sociedad anarcocapitalista en exactamente la misma medida en que una sociedad socialista ideal es superior a una sociedad capitalista. El socialismo funciona mejor con gente perfecta que el capitalismo con gente imperfecta; el gobierno limitado funciona mejor con gente perfecta que el anarcocapitalismo con gente imperfecta. Y es mejor ponerse bikini cuando brilla el sol que usar impermeable cuando llueve. Pero eso no es un argumento válido en contra de usar un paraguas.
Puedo predecir que, si aparecieran instituciones anarcocapitalistas en este país mañana, la heroína sería legal en Nueva York y ilegal en la mayoría de otros lugares.
La guerra tiene todas las características del socialismo: poder centralizado, planificación estatal, falsa racionalización, restricción de libertades, optimismo exagerado sobre los resultados esperados y ceguera ante los efectos secundarios no deseados.
La constitución no sólo no vincula a nadie ahora, sino que nunca vinculó a nadie. Todos aquellos que dicen actuar por su autoridad, en realidad actúan sin ninguna autoridad legítima; en principios generales de Derecho y de razón, son meros usurpadores, y todos tienen no sólo el derecho, sino la obligación moral, de tratarlos como tales.
El papel de los intelectuales progresistas es servir como tejedores de complejas apologías para informar a las masas de que las cabezas del estado corporativista estadounidense gobierna por el “bien común” y el “bienestar general”, como el sacerdote del despotismo oriental que convencía a las masas de que su emperador era omnisciente y divino.
Lean todo lo que sus profesores les indican leer. Pero no lean solo eso. Lean más. Lean todo acerca de un tema, desde todos los puntos de vista, ya sean socialista-marxista, intervencionista o liberal. Lean con mente abierta. Aprendan a pensar. Solo cuando conozcan su campo desde todos los ángulos podrán decidir qué es correcto y qué es falso. Solo entonces estarán preparados para responder a todas las preguntas, incluso las que les hagan sus opositores.
Ser tolerante no significa que compartas la creencia de otro. Pero sí significa que reconozco el derecho del otro a creer y obedecer a su propia consciencia.
Caen en la trampa de creer que el estado también es necesario para proteger a los indefensos, pobres y desvalidos (sean “pequeños” accionistas, consumidores de a pie, trabajadores, etc.) sin entender que las supuestas medidas de protección sistemáticamente tienen el efecto, como demuestra la teoría económica, de perjudicar en cada caso precisamente a aquellos a los que se dice proteger, por lo que desaparece también una de las más burdas y manidas justificaciones de la existencia del estado.
No soy principalmente un paladín del capitalismo, sino del egoísmo; y no soy principalmente un paladín del egoísmo, sino de la razón. Si uno acepta la supremacía de la razón y la aplica consistentemente, todo el resto sigue.
Descarta los harapos desahuciados de ese vicio al que llamas virtud: la humildad – aprende a valorarte a ti mismo, que quiere decir: a luchar por tu felicidad – y cuando aprendas que el orgullo es la suma de todas las virtudes, aprenderás a vivir como un hombre.
El arte de escribir es el arte de hacer lo que crees que estás haciendo. No es tan fácil como parece. Implica una tarea muy difícil: la necesidad de pensar. E implica la necesidad de resolver tres problemas diferentes y muy complejos: ¿Qué es lo que quieres decir? ¿Cómo vas a decirlo? ¿Realmente lo has dicho? Es un frío proceso intelectual.
Auto-estima. El valor del auto-interés es que te estimas a ti mismo como un valor; que vives de acuerdo con tu naturaleza, lo que significa: por el criterio de tu propia mente, y respetas tu propia mente, respetas tu propia capacidad de hacer lo que está bien. Y por lo tanto estás respetando la posibilidad de ser una persona moral, virtuosa, y te consideras a ti mismo como un valor que vale la pena preservar.
Lo que Objetivismo te dirá es que la razón, la razón del hombre, es su instrumento básico de supervivencia. Esa es la facultad más importante que tiene, y tiene que guiar su vida y tomar sus decisiones por medio de SU facultad racional. Él tiene que tomar sus propias decisiones pero tiene que SABER cómo tomarlas. Es inmoral el actuar basado en sus emociones, dejarse guiar por el capricho del momento. Eso, Objetivismo lo considera muy malo, muy inmoral. Y la moralidad, de hecho, consiste en seguir tu razón hasta el punto de que seas capaz. Así que la racionalidad es la virtud básica, de la cual todas las otras proceden.
Atacar a un hombre, no por sus faltas, sino por sus virtudes. Porque el que consigas triunfar tú mismo, en cualquier aspecto de actividad racional, es una gran virtud, y la gente te atacará por ello. Querrán que te sientas culpable por ello. Esa es la peor maldad, de acuerdo con mi filosofía. Es lo que yo llamo “El odio de lo bueno por ser lo bueno”. Eso es atacar a las personas por sus virtudes. Por sus logros. Por cualquier cosa que tengan que sea un VALOR, realmente. No por sus fallos, y no por su maldad. De hecho, la gente que predica eso son los que están a favor de los malvados.
El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas. Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir. Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión.
La habitual reaproximación tripartita de grandes empresas, grandes sindicatos y gran gobierno simboliza la organización de la sociedad por bloques, sindicatos y corporaciones, regulados y privilegiados por los gobiernos federales, estatales y locales. Esto en esencia totaliza el “estado corporativo”, que, durante la década de 1920, sirvió como faro para grandes empresarios, grandes sindicatos y muchos intelectuales progresistas como el sistema adecuado.
La posición radical-revolucionaria es el libertarismo, y su forma socioeconómica es el capitalismo laissez-faire.
Los individuos tienen derechos, y hay cosas que ninguna persona o grupo puede hacerles sin violar esos derechos.
La abrumadora mayoría de los partidarios del Estado no son estatistas filosóficos, es decir, solo por el hecho de haber pensado en el asunto. La mayoría de la gente no piensa mucho en cuestiones filosóficas. Se limitan a vivir su vida diaria, y eso es todo. Así que gran parte del apoyo tiene su origen en el simple hecho de que el Estado existe y ha existido siempre, en la medida en que uno puede recordar (que generalmente no va más allá del período de su propia vida). Es decir, el mayor logro de los intelectuales estatistas es haber cultivado la pereza intelectual (o la incapacidad) natural de las masas y nunca haber permitido que el tema fuera objeto de un debate serio. El Estado es considerado como parte intocable del tejido social.
Una asociación de protección mutua contra la injusticia es como una asociación de protección mutua contra el incendio o el naufragio. No hay ninguna razón para obligar a nadie, sea quien fuera, a apoyar o unirse voluntariamente a una de estas asociaciones, ni para obligar a nadie a reunirse con cualquier otra asociación cuyas ventajas — suponiendo que las tenga — no le interesan o cuyos fines y métodos no aprueba.
¿Cómo es posible que un ser humano haya alguna vez podido concebir que un objeto tan evidentemente superfluo, falso, absurdo y abominable como la legislación pudiera ser de algún provecho para el género humano, o tener un lugar que ocupar en los asuntos humanos?
Si el individuo soberano posee el derecho absoluto a disponer de su persona y de su propiedad como mejor le parezca, entonces, naturalmente, también posee el derecho a defenderlas. El individuo tiene el derecho a la libre defensa.
El verdadero remedio para la mayoría de los males no es otro que la libertad, libertad ilimitada y completa, libertad en cada campo de la acción humana.
Sólo un salvaje o un altruista alegaría que apreciar las virtudes de otra persona es un acto de generosidad, y que en lo que concierne a su propio interés y placer egoístas, no hay ninguna diferencia si uno trata con un genio o con un estúpido, si se encuentra con un héroe o con un bandido, si se casa con la mujer ideal o con una prostituta.