La lucha se gana o se pierde lejos de testigos — en la retaguardia, en el gimnasio, y por ahí en el camino, mucho antes de que yo baile bajo esas luces.
La conciencia nos hace descubrirnos, denunciarnos o acusarnos a nosotros mismos, y en ausencia de testigos declara en nuestra contra.
La conciencia vale por mil testigos.
Muchos son los buenos, si se da crédito a los testigos; pocos, si se toma declaración a su conciencia.
El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.
Se dice que existen tres clases de testigos: Los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto. Los que han visto mal, pero creen haber visto bien. Y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo.
Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables.