La libertad, Sancho, es uno de los dones más preciosos que los cielos han dado a los hombres; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe arriesgar la vida.
La desgracia de Don Quijote no es su imaginación, sino Sancho Panza.
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de todas las ciencias.
No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalao.
La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.