No hay un rey que, teniendo fuerza suficiente, no esté siempre dispuesto a convertirse en absoluto.
El hombre que puede, es rey.
En el país de los ciegos, el tuerto es rey.
Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores.
Para conseguir la más pequeña fortuna, vale más decir cuatro palabras a la querida de un rey que escribir cien volúmenes.
Admiro aquella cabeza que lleva orgullosamente su desgracia, como un rey su corona.
¿Cómo se llama al animal más temible? Preguntó un rey a cierto sabio. Y éste respondió: los salvajes le llaman tirano; los mansos, adulador.