Lo que los hombres han llamado la amistad es sólo un acuerdo social, un ajuste recíproco de intereses, el intercambio de servicios prestados y recibidos, sino que es, en definitiva, más que un negocio del que los interesados proponen derivar un beneficio constante para su amor propio.
Los hombres deben ser enseñados como si les enseñó que no, y las cosas desconocidas proponen como lo olvidaron.
Casi todas las ideas nuevas parecen una locura cuando se proponen por primera vez.
Muchos hombres no se equivocan jamás porque no se proponen nada razonable.