En honor a nuestra promesa nacional para nuestros veteranos, hay que seguir para mejorar los servicios para nuestros hombres y mujeres en uniforme hoy y proporcionar beneficios atrasados para los veteranos y los militares retirados que han servido.
Aquí está mi deseo, mi anhelo y mi compromiso: recordar nuestra verdadera naturaleza y condición de mujer. Que poseemos y sabemos que somos más que nuestros cuerpos, y sin embargo, nuestros cuerpos son estas casas sagradas y rítmicas para nosotras.
Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos.
Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies?
¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos nuestros amigos?
Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos.
No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado.
El futuro es ese periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura.
Nuestro amor es el hogar, y el hogar puede ser abandonado por nuestros pies, pero nunca por nuestros corazones.
De la igualdad de habilidades surge la igualdad de esperanzas en el logro de nuestros fines.
Enterramos nuestros pecados y lavamos nuestras conciencias.
Los placeres del amor son siempre proporcionales a nuestros miedos.
¡Cavar trincheras! ¡Con nuestros hombres cayendo como moscas! No tenemos tiempo para cavar trincheras. Las tendremos que comprar prefabricadas.
Soldado: "General, ¿no se da cuenta de que estamos disparando a nuestros hombres?" General Groucho: "Tome un dólar y guarde el secreto."
Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral.
Llegamos de noche a las Islas Afortunadas, y nuestro amor se extendía como peces en la red de nuestros besos.
El amor es como una amistad que se incendió. Al principio, una llama muy bonita, a menudo caliente y feroz, pero aún así una luz única y vacilante. A medida que el amor crece, nuestros corazones maduros y nuestro amor se convierten en carbón; en el fondo, arde y nunca se apagará.
La gente que crea cosas en nuestros días puede esperar ser perseguida por gente muy moralista incapaz de crear nada. No hay manera de medir el escalofriante efecto sobre la innovación que resulta de las amenazas impositivas, regulatorias y de la persecución contra cualquier cosa que tenga éxito. Nunca sabremos cuántas cosas ha abortado nuestro gobierno en nombre de nuestra protección.
Nuestra mayor fuente de conocimiento son nuestros clientes más insatisfechos.
Ante un asunto turbio -Gestcartera- hay quien intenta entorpecer y ocultar, frente a quien intenta exigir responsabilidades. En el Gobierno y en el PP tenemos claro de qué lado estamos: estamos donde está la mayoría de nuestros conciudadanos; al frente de esa mayoría que no soporta las trapacerías de nadie y que quiere la luz y taquígrafos, caiga quien caiga.
La empresa privada crea; el gobierno destruye. Esta es la gran lección económica de nuestros y todos los tiempos.
La religión es una ilusión y obtiene su fuerza del hecho de que coincide con nuestros deseos instintivos.
Como individuos, las personas son intrínsecamente buenas. Tengo una visión algo más pesimista de las personas en grupos. Y me quedo muy preocupado cuando veo lo que está sucediendo en nuestro país, que es en muchos sentidos el más afortunado lugar del mundo. No parecen estar entusiasmados con que nuestro país sea un lugar mejor para nuestros hijos.
En resumen, cuanto más se han aumentado los gastos del estado en seguridad social y seguridad pública, más se han erosionado nuestros derechos de propiedad privada, más se ha expropiado, confiscado, destruido, o depreciado nuestra propiedad, y más se nos ha privado del fundamento de toda la protección: la independencia económica, la fortaleza financiera, y la riqueza personal.
Cuando enviamos a nuestros jóvenes y mujeres a la guerra, nosotros tenemos una obligación solemne de no evadir los números ni esconder la verdad sobre porque ellos van, y preocuparnos por sus familias una vez se han ido, tener expectativa del retorno de los soldados, y nunca jamás entrar en guerra sin tener tropas suficientes para vencer la guerra, asegurar la paz, y ganar el respeto del mundo.
Nuestros políticos se quedaron en 2° de primaria, pintarlo todo bonito y recortar es lo que mejor se les da.
Nuestros hijos estudiarán la III República en verso: juicio a un tunante, tiro en el pie de un infante y muerte de un elefante...
¿Podría un gran milagro llevarse a cabo solo mirándonos a través de nuestros ojos por un instante?
El cielo está bajo nuestros pies, así como sobre nuestras cabezas.