Favorecer a quien no lo ha de estimar, es echar agua al mar.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Como un mar, alrededor de la isla soleada de la vida, la muerte canta día y noche su canción sin fin.
Con viento, mi esperanza navegaba; perdónala la mar, matóla el puerto.
Somos libres: libres como las barcas perdidas en el mar.
Condenar el progreso en todo es olvidarse de los vergeles que ha hecho posible la desalinización del agua de mar, idealizarlo es olvidarse de Hiroshima.
Los gobiernos son velas; el pueblo, el viento; el Estado, la nave, y el tiempo, el mar.
De la mar, el mero, y de la tierra, el carnero.
El mar, por su naturaleza, estaría tranquilo y quieto si los vientos no lo revolvieran y turbaran. De la misma manera, el pueblo estaría quieto y sería dócil si oradores y sediciosos no lo removieran y agitaran.
El que no sabe por qué camino llegará al mar, debe buscar el río por compañero.
Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar.
El hombre se precipita en el error con más rapidez que los ríos corren hacia el mar.
El mar es tan profundo en la calma como en la tempestad.
Veo los peligros de la vida presente; peligro en el mar, peligro en la tierra y peligro en los falsos hermanos.