Para vivir fuera de la ley, debes ser honesto.
Si yo hubiera obedecido todas las reglas, yo nunca habría llegado a ninguna parte.
La costumbre tiene fuerza de ley, y deroga la ley.
Una ley injusta es en sí misma una especie de violencia. Pero el arresto por su incumplimiento lo es aún más.
Nadie puede amar la libertad de todo corazón, excepto los hombres buenos; el resto no ama la libertad, sino la ley.
Vive tu vida como si cada acto se convirtiera en una ley universal.
En el Derecho un hombre es culpable cuando viola los derechos de los demás. En la ética es culpable si él sólo piensa en hacerlo.
El que es justo es cruel. ¿Quién podría vivir en la tierra si a todos nos juzgaran con justicia?
Los hombres buenos no deben obedecer las leyes demasiado.
Estas son las leyes de las operaciones militares.
Un jurado está formado por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado.
Hay un tipo de ladrón a quien la ley no ataca, y es el que roba lo más preciado a los hombres: el tiempo.
La posesión no es ni nueve décimas partes de la ley. Es nueve décimas partes del problema.
Uno de los grandes espejismos en el mundo es la esperanza en que los malvados de este mundo vayan a dejar de serlo por las leyes.
La pena por reír en una sala del tribunal es de seis meses en la cárcel; si no fuera por esta pena, el jurado nunca escucharía la evidencia.
Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.
Si uno apela a la justicia solo para el gobierno, la justicia será pervertida a favor del gobierno, a pesar de las constituciones y las cortes supremas. Las constituciones y las cortes supremas son instituciones estatales, y las limitaciones que puedan contener o encontrar en la acción del gobierno son decididas invariablemente por los agentes de la propia institución. Predeciblemente, la definición de la propiedad y la protección será continuamente alterada y el rango de la jurisdicción expandido para la ventaja del propio gobierno, hasta que, en último lugar, la noción de derechos humanos universales e inmutables —y en particular de los derechos de propiedad— desaparezcan y sean reemplazados por el derecho gubernamental, su legislación y sus derechos como dados y otorgados por él.
Cuando la ley se vuelve injusta, no debe aplicarse, ni siquiera el juez tiene el derecho de imponerla, porque en la necesidad de mantener la justicia, todas las leyes y convenciones humanas deben ceder, y es lícito apartarse de lo establecido, ya que primero se debe impartir justicia a los ciudadanos antes que imponerles una ley implacable.
Sólo un salvaje o un altruista alegaría que apreciar las virtudes de otra persona es un acto de generosidad, y que en lo que concierne a su propio interés y placer egoístas, no hay ninguna diferencia si uno trata con un genio o con un estúpido, si se encuentra con un héroe o con un bandido, si se casa con la mujer ideal o con una prostituta.
Si el individuo soberano posee el derecho absoluto a disponer de su persona y de su propiedad como mejor le parezca, entonces, naturalmente, también posee el derecho a defenderlas. El individuo tiene el derecho a la libre defensa.
La producción de la seguridad debe, por el interés de los consumidores de este bien inmaterial, permanecer sometida a la ley de la libre competencia.
¿Cómo es posible que un ser humano haya alguna vez podido concebir que un objeto tan evidentemente superfluo, falso, absurdo y abominable como la legislación pudiera ser de algún provecho para el género humano, o tener un lugar que ocupar en los asuntos humanos?
Los individuos tienen derechos, y hay cosas que ninguna persona o grupo puede hacerles sin violar esos derechos.
La ley es una opinión a punta de pistola.
La unión, el ser incorpóreo, compuesto de personas reales, no es nada sino una ficción. No tiene ninguna realidad. Es una ficción adoptada simplemente para conseguir librarse de las consecuencias de algunos actos. Un acto de legislación no puede transformar a veinte personas reales en un ser incorpóreo.
La constitución no sólo no vincula a nadie ahora, sino que nunca vinculó a nadie. Todos aquellos que dicen actuar por su autoridad, en realidad actúan sin ninguna autoridad legítima; en principios generales de Derecho y de razón, son meros usurpadores, y todos tienen no sólo el derecho, sino la obligación moral, de tratarlos como tales.
Cualquier persona que tenga el poder de hacerte creer absurdos tiene el poder para hacerte cometer injusticias.
No puede haber tal cosa, en la ley o en la moral, que prohiba las acciones a un individuo, pero se las permita a una multitud.
La peor culpa es aceptar una culpa inmerecida.
Los derechos individuales son el medio de subordinar la sociedad a la ley moral.
La ley es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir, un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia. Su incumplimiento trae aparejada una sanción.