Después de haber agotado lo que hay en los negocios, la política, la convivencia, etcétera, y habiendo descubierto que ninguno de ellos finalmente se cumple o es permanente, ¿qué queda? La naturaleza permanece.
Si las leyes las hicieran los hombres, o si las dictaran los jueces, sería legal matar, robar, adulterar, etcétera.
El etcétera es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.