El cuerpo siempre nos enseña lecciones. Hay cosas que no podemos hacer, que no debemos hacer, o que es mejor no hacer muy a menudo o por mucho tiempo a medida que envejecemos. El cuerpo se hace presente.
Todo hombre es como la Luna: con una cara oscura que a nadie enseña.
Leer un libro enseña más que hablar con su autor, porque el autor, en el libro, sólo ha puesto sus mejores pensamientos.
La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y a ser ignorante.
La grandeza no se enseña ni se adquiere: es la expresión del espíritu de un hombre hecho por Dios.
La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia.
La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos.
En Inglaterra, la libertad es una especie de ídolo. Al pueblo se le enseña a amarla y a creer en ella, pero ve muy pocos de sus resultados. El pueblo puede moverse libremente, pero dentro de altas murallas.
¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.
O se aprende educación en la propia casa o el mundo la enseña con el látigo, y nos podemos hacer daño.
El día precedente enseña el día que sigue.
Cada lágrima enseña a los mortales una verdad.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Toda lágrima enseña a los mortales una verdad.
¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.