¿Quién osó luchar con los dioses, y quién con el Único? Es hermoso ser un discípulo de Homero, aunque sea el último.
Cumplid vuestro deber y dejad obrar a los dioses.
El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses.
Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado.
Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuerzas.
Es impío no el que suprime a los Dioses, sino el que los conforma a las opiniones de los mortales.
¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.