Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido.
Hay que atender no sólo a lo que cada cual dice, sino a lo que siente y al motivo por el que lo siente.
Se dice que las mujeres son vanidosas por naturaleza; es cierto, pero les queda bien y por eso mismo nos agradan más.
Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra.
Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo.
Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Cuando se dice que el dinero no hace la felicidad, se alude, evidentemente, al de los demás.
En la sociedad no todo se sabe, pero todo se dice.
Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.
¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!
Cómo tener confianza en una mujer que le dice su verdadera edad. Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo.
El pasado y el porvenir, esas dos mitades de la vida, una de las cuales dice jamás, y la otra siempre.
Se dice que el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos.
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.
El español siempre lo sabe todo. Y si de algo no sabe nada, dice: De esto hablaremos más adelante.
¡He perdido mi gotita de rocío!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas.
Es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere, hay que tener el valor de decirlo, y cuando se dice, es menester tener el coraje de realizarlo.
Cuando alguien dice estar de acuerdo, en principio, en hacer algo, quiere decir que no tiene la menor intención de hacerlo.
El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer.
Quien no sabe bailar dice que los tambores no sirven para nada.
El diplomático es una persona que primero piensa dos veces y finalmente no dice nada.
Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate un espejo.
Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa.
Siempre hay alguien que te dice lo que debes hacer. Ya no existe el silencio; en todas partes hay ruido. Si tú no estás con tus propios pensamientos, ¿cómo vas a entender el sentido de las cosas? Es imposible. Vivimos bajo una manipulación perversa, muy sutil.
Se dice que existen tres clases de testigos: Los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto. Los que han visto mal, pero creen haber visto bien. Y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo.
Quien quiere ahogar a su perro dice que está rabioso.
Al principio y al final de las catástrofes, siempre se dice algo retórico. En el primero, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.