Dios no muere el día en que dejamos de creer en una deidad personal, sino en el día en que nuestras vidas dejan de ser iluminadas por el resplandor constante, renovado diariamente, por un milagro, la fuente que está más allá de toda razón.
Estábamos entonces en una peligrosa situación de desamparo, expuestos diariamente a peligros y la muerte entre los salvajes y bestias salvajes, no es un hombre blanco en el país, sino a nosotros mismos.
Me obsesiono diariamente con todo. No solo por lo que hacemos bien, sino por lo que podemos hacer mejor... Al final, la única razón que me motiva a hacer lo que hago es por los placeres hedonistas de la vida.
¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.